Una Revolución es ante todo, un cambio de las relaciones entre los humanos, y de estos con la Naturaleza.



¿De las tramas piramidales a la complejidad autolimitada?

¿Pasajeros de un tren a punto de descarrilar? Muchos todavía acusan de catastrofismo a quienes empleamos imágenes semejantes. Sin embargo, probablemente hemos superado ya la oleada de optimismo necio que se adueñó de Occidente tras la caída del Muro de Berlín. Nos ayudó esa implacable cura de realismo que fue la guerra del Golfo Pérsico, reforzada después por la guerra civil yugoslava, las rechazadas migraciones masivas albanesas, la desintegración de la Unión Soviética o la continuación de otros genocidios más cotidianos como el exterminio de los mendigos colombianos desechables por escuadrones de la muerte pagados por comerciantes (por citar sólo algunos procesos en curso en el momento en que escribo estas líneas). El punto de vista desde el que está escrito el libro que sigue es que somos, efectivamente, pasajeros en un tren lanzado a toda velocidad y a punto de descarrilar. (...)


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